El 20 de mayo de 1747, el médico escocés James Lind llevó a cabo lo que se conoce como el primer
“ensayo clínico” de la historia realizado por el hombre. Y la conmemoración es propuesta desde
el año 2005, por la Red Europea de Infraestructuras en Investigación Clínica (ECRIN).
La Investigación Clínica es un ejercicio metódico, reglado, cuidadoso, fundamentado en la ciencia
y revestido de un profundo deseo de ayudar al ser humano. Los beneficios de la Investigación
Clínica tienen un fuerte impacto e implicancias en la calidad de la asistencia del ecosistema sanitario.
Los beneficios de su desarrollo El 20 de mayo se celebra a nivel mundial el Día de la
Investigación Clínica.
La conmemoración es propuesta desde el año 2005, por la Red Europea de Infraestructuras en Investigación Clínica (ECRIN).
Este día tiene como objetivo: constituir un punto de encuentro internacional para el desarrollo de sesiones informativas, debates, reuniones y celebraciones sobre la Investigación Clínica. Se recuerda así, la importancia de la búsqueda de nuevas formas de prevención, diagnóstico, tratamiento, diagnóstico y
dispositivos médico sanitarios.
Se da a conocer al público en general en qué consiste la labor de la Investigación Clínica para obtener un
producto original, innovador, preventivo, diagnóstico y/o terapéutico para una enfermedad en particular.
Este día mantiene presente que el 20 de mayo de 1747, el médico escocés James Lind llevó a cabo lo
que se conoce como el primer “ensayo clínico” de la historia realizado por el hombre, (el Dr. James
Lind era el médico del navío de guerra inglés Salisbury).
En las largas travesías en alta mar, se observaba que la mayor parte de la tripulación presentaba caída de
pelo, uñas, dientes, la piel se cubría de llagas dolorosas, las encías sangrantes no les dejaba comer y
sobrevenía la muerte luego de una sufrida agonía.
El Dr. James Lind le pidió a su comandante, el famoso capitán Cook, que le dejase realizar unas pruebas
con los sujetos que presentaran síntomas y signos descriptos.
El Dr. James Lind, poseedor de una intuición científica muy avanzada para la época, seleccionó y distribuyó a 12 sujetos afectados en grupos de a dos, con edades, signos y síntomas similares y les indicó
distintas dietas: agua salada, o vinagre, o nuez moscada, o caldo de cordero o naranjas y limones.
Observando que la pareja que recibió naranjas y limones mejoraba significativa y rápidamente las manifestaciones clínicas, en tanto que las otras parejas empeoraban hasta morir.
Concluyó así, que los cítricos debían contener alguna sustancia capaz de revertir la trágica dolencia,
hoy conocida como escorbuto, y que se podía prevenir por lo tanto consumiendo durante los largos
viajes marítimos esta clase de frutas.
Doscientos años después, el médico húngaro Albert Szent-Györgyi, fue galardonado con el premio nobel
por descubrir la vitamina C, la sustancia misteriosa que se encontraba en las naranjas y los limones y
que era capaz de prevenir el escorbuto.
Un estudio clínico hoy en día es muy diferente al que realizó el Dr. James Lind.
En la actualidad el rigor científico, ético y legal que exige un estudio clínico supera por lejos a cualquier
otro experimento en los demás campos de la ciencia y el conocimiento.
Para garantizar que la información obtenida sea universalmente válida, se sigue un estándar internacional de calidad ética y científica para el diseño, conducción, realización, monitoreo, auditoría, registro, análisis y reporte de la Investigación Clínica llamado:
Guías de Buena Práctica clínica, siendo su acrónimo en español BPC.
La Investigación Clínica es un ejercicio metódico, reglado, cuidadoso, fundamentado en la ciencia y
revestido de un profundo deseo de ayudar al ser humano, centrado en la persona, encontrando formas cada vez mejores de intervenirlo para prevenir, aliviar o curar sus enfermedades, haciendo de esta
disciplina una labor valiosa, única e insuperable.
Quienes participan en un equipo de Investigación Clínica, el investigador principal, los coinvestigadores, profesionales clínicos y paraclínicos médicos y no médicos, licenciados en enfermería, coordinadores de estudios clínicos, monitores, químicos farmacéuticos, integrantes de comités de ética en
Investigación Clínica, personal de las agencias regulatorias, patrocinadores, abogados, contadores,
etc., son personas dedicadas, con profunda y sólida formación académica, técnica, bioética y humana,
apasionados por la ciencia.
La atención que se le brinda a los pacientes de un estudio clínico trasciende la atención sanitaria convencional.
La Investigación Clínica es una aplicación detallada que atiende al mismo tiempo los enunciados éticos,
signos y síntomas clínicos, todas las preocupaciones e inquietudes del sujeto desde una perspectiva
holística centrada en la persona, los indicadores de mejoría, evaluando los riesgos y los beneficios, las
exigencias metodológicas del protocolo, del proceso del consentimiento informado, el estricto cumplimiento de los procedimientos estándares regulatorios nacionales, regionales e internacionales, los
controles regulatorios, las revisiones periódicas y las potenciales auditorías.
Así es que avanza la ciencia del ecosistema sanitario y, en parte por esto, nuestra expectativa y calidad de vida ha aumentado de manera exponencial en los últimos 100 años.
No podemos decir que los avances de la ciencia médica sean los únicos responsables de que vivamos
más y mejor que en los siglos pasados, pero la Investigación Clínica es una de las razones con mayor
incidencia.
Los beneficios de la Investigación Clínica tienen un fuerte impacto e implicancias en la calidad de la
asistencia del ecosistema sanitario, en el mejoramiento de los procesos diagnósticos y terapéuticos;
en mayores incentivos profesionales porque los investigadores se sienten orgullosos de pertenecer a
la pléyade nacional, regional e internacional como líderes del conocimiento de vanguardia, en una mejor relación del perfil costo-beneficio de las terapias y diagnósticos utilizados; en un marcado impacto
financiero porque los estudios clínicos son patrocinados por entidades prestantes públicas y privadas,
internacionales, regionales y nacionales, que cubren todos los gastos de la Investigación Clínica, aportando recursos económicos, técnicos, metodológicos y científicos asociados; en mayor prestigio, reconocimiento y centros de referencia para las instituciones involucradas en la Investigación Clínica; en el ingreso de divisas al país y la generación de empleos genuinos de altísima calidad y nivel profesional.
Prestigiosos gestores de la Investigación Clínica mundial destacan: “los estudios clínicos brindan a
pacientes y profesionales de la salud la posibilidad de acceder en forma temprana a terapias innovadoras, con el potencial de contribuir al tratamiento de enfermedades que en muchos casos son huérfanas
o que no encuentran respuesta en los tratamientos existentes”, “los estudio clínicos constituyen una
fuente enriquecedora de información: traen habilidades, capacidades y conocimientos sobre prácticas
innovadoras que resultan útiles para la industria de la salud, basados en la evidencia científica”, “los estudios clínicos permiten nuevas alternativas para el paciente, más allá de las disponibles en el mercado.
Es que acceder a ser tratado con una molécula en investigación puede representar un beneficio que de
otra manera no estaría”.
“La investigación clínica posibilita que tengan acceso a tecnologías de última generación al mismo
tiempo que el resto del mundo, brindando capacitación a nuestros profesionales y competitividad con
otros centros del exterior”, “Los estudios clínicos inclusivos generan un impacto significativo y altamente positivo.
Realizar estudios clínicos inclusivos es fundamental para garantizar que todas las personas independientemente de su sexo, edad, grupo étnico o cualquier otro factor tengan acceso a terapias para su condición médica”.
“Por último siempre decimos que los pacientes que participan en el estudio clínico son nuestros héroes
porque están invirtiendo su tiempo, en parte de su vida; están compartiendo lo que es su enfermedad
y esto hace que realmente estén contribuyendo de manera desinteresada a poder entender mejor las
diferentes patologías, a descubrir nuevos tratamientos, a identificar factores de riesgo y a mejorar la
atención médica en general”. ¡Por estos beneficios y muchos más, con honor y orgullo, participando lo
recordamos hoy!
“Un país sin investigación clínica tiende al subdesarrollo”.
Dr. Gustavo Arroyo, MD
Medicina Interna, Farmacología Clínica
Sociedad Uruguay de Telemedicina y Telesalud
Fundación Humanitaria Pro CASMU