Individualizar el tratamiento en cada etapa

Los efectos secundarios de algunos tratamientos contra el cáncer, a menudo afectan a la alimentación de los pacientes.

Lic Ana Gil

Licenciada en Nutrición Oncológica
Desempeño en el Centro de Transplante de Médula Ósea desde
el año 2010 en área asistencial de SMI.
Integro Ateneo del Comité de Tumores del mismo centro. Post grado en Universidad de Barcelona

La realización de un Plan elaborado por el Licenciado en Nutrición Oncológica, además de asegurar la individualización para cada paciente, no implica olvidarse totalmente de la manera de comer habitual ni eliminar aquellos alimentos o elaboraciones preferidas de cada uno. El objetivo siempre será que cada paciente pueda incorporarla en su día a día de la forma que más le convenga, pudiendo adaptarlas a rutinas, horarios, preferencias, maneras de comer o estado de ánimo. Sin embargo, hay que recordar que el organismo necesita recibir energía frecuentemente a la vez que conseguir todos los nutrientes necesarios para hacer frente a la enfermedad, y la mejor manera de conseguirlo es seguir, en la medida de lo posible, las pautas anteriores. Los pacientes con cáncer experimentan una variedad de procesos que impactan de manera negativa su estado nutricional. Sufren alteraciones en la ingestión de alimentos no sólo por la presencia del tumor, sino por los tratamientos y los cambios que los acompañan.

El cáncer ocupa el 28% de las causas de muerte en nuestro país, existiendo una relación directa entre el estado nutricional y la expectativa de vida de los pacientes oncológicos.

La intervención del equipo multidisciplinario se hace imprescindible, en el que resulta de especial importancia la inclusión de la intervención del Licenciado en Nutrición Oncológica en el esquema habitual de tratamiento de soporte.

Ser diagnosticado de una enfermedad oncológica e iniciar el tratamiento pautado por el especialista puede provocar que se descuiden otros aspectos cotidianos que también son parte imprescindible de cualquier tratamiento contra la enfermedad, como son las relaciones sociales, la familia, la actividad física y la alimentación. Una correcta selección de alimentos y la actividad física regular se vuelven más importantes que nunca durante el tratamiento oncológico, ya que son esenciales para afrontar los diferentes tratamientos. Actualmente, cuando una persona es diagnosticada tiene al alcance muchísima información relacionada con lo que hay que comer: páginas web, blogs, libros, artículos en revistas. Pero ésta no siempre es correcta ni está contrastada científicamente. Asimismo, cuando una persona es diagnosticada de un tumor también suele recibir consejos de amigos y familiares que ya lo superaron  o conocen algún caso cercano. De nuevo, esta información, aunque bienintencionada, no siempre es adecuada puesto que cada persona y tratamiento es diferente.  

 

Antes de iniciar cualquier tipo de dieta o régimen alimentario, de excluir algunos alimentos o tomar cualquier producto o suplemento alimenticio.  Consultar siempre con el especialista. 

Hay muchos tipos de patologías oncológicas y pacientes, por lo que las recomendaciones, aunque generales y útiles para la mayoría de procesos oncológicos, deben ser supervisadas siempre por el Licenciado en Nutrición de referencia, que realmente conocerá las necesidades nutricionales y médicas del paciente. 

  El cáncer ocupa el 28% de las causas de muerte en nuestro país

                                                 

ALIMENTACIÓN DURANTE EL TRATAMIENTO 

La mayoría de tratamientos son largos y combinan diferentes terapias que, a su vez, pueden provocar diversos efectos secundarios en el paciente. Aun así, las recomendaciones alimentarias de base son las mismas para todos los tipos de procesos oncológicos. La alimentación que convendría seguir, sea cual sea el tipo, localización o fase del tratamiento es una alimentación saludable y equilibrada, que contenga alimentos de todos los grupos en la cantidad y frecuencia adecuadas.

Una dieta adecuada durante el tratamiento ayudará a:

• Obtener los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento de todo el organismo y, por tanto, mantener un buen estado nutricional.

 • Mantener un peso adecuado.

 • Mantener el organismo bien hidratado.

 • Tolerar mejor el tratamiento y los efectos secundarios que provoca.

• Combatir mejor posibles infecciones.

• Mantener la calidad de vida del paciente a lo largo del tratamiento.

Las necesidades de nutrimentos de los individuos con cada padecimiento varían para cada persona, el caso del cáncer no es tan simple, debido a la variabilidad de la enfermedad.

¿Qué significa una dieta saludable y equilibrada en un proceso de quimioterapia?

El objetivo del tratamiento nutricional es cubrir las necesidades de macro y micronutrientes que el organismo requiere para un óptimo funcionamiento y rendimiento. Un solo producto no puede aportar todos los nutrientes que el organismo necesita, por lo que es imprescindible el consumo de alimentos de todos los grupos en una cantidad y frecuencia determinadas para conseguir llevar una dieta saludable y equilibrada.

La alimentación es una parte importante del tratamiento contra el cáncer. “Comer los alimentos adecuados durante y después del tratamiento puede ayudar a que se sienta mejor y más fuerte”, destaca la Sociedad Americana del Cáncer.

Los diez puntos clave que se deberían tener en cuenta para asegurar una alimentación suficiente, equilibrada y segura son:

1.- REPARTIR LA ALIMENTACIÓN EN CUATRO O CINCO TOMAS AL DÍA     

 2.- COMER CINCO PORCIONES DE FRUTA Y VERDURA AL DÍA

3.- ASEGURAR EL APORTE DE PROTEÍNAS DIARIO

4.- ASEGURAR LA ENERGÍA NECESARIA QUE EL CUERPO NECESITA

5.- CONSUMIR LÁCTEOS A DIARIO

6.- MANTENER UNA CORRECTA HIDRATACIÓN

7.- UTILIZAR ACEITES CRUDOS, AL FINAL DE LA COCCIÓN

8.- PRIORIZAR LAS PREPARACIONES SENCILLAS Y LAS COCCIONES CON POCA GRASA

 9.- LIMITAR EL CONSUMO DE ALCOHOL Y REDUCIR EL CONSUMO DE ALIMENTOS RICOS EN AZÚCARES AÑADIDOS, GRASAS SATURADAS O SAL

10.- COMER EN COMPAÑÍA

 

EFECTOS DE LOS DIFERENTES TRATAMIENTOS SOBRE EL CONSUMO DE ALIMENTOS

La situación de enfermedad conlleva una serie de situaciones que pueden comprometer el estado nutricional de la persona principalmente por la pérdida del apetito provocada por la propia enfermedad, el dolor que pueda ocasionar, la depresión o la ansiedad.

La cirugía  Aumenta las necesidades nutricionales de cada individuo ya que el organismo requiere una cantidad extra de energía y proteínas para cicatrizar las heridas, luchar contra las infecciones y afrontar la fase de recuperación posterior. Si el paciente está desnutrido antes de la cirugía puede tener problemas durante la recuperación (una cicatrización precaria o infecciones, por ejemplo). Después de la mayoría de cirugías es común que los pacientes sientan dolor, estén cansados o pierdan el apetito. Durante un tiempo corto, algunos de ellos no podrán comer lo que comían habitualmente como resultado de estos síntomas. El centro donde hayan realizado la cirugía se hará cargo de la alimentación durante su hospitalización, pero una vez tengan el alta y regresen a su casa deben asegurarse de consultar al especialista su alimentación a partir de ese momento. Si no existe ninguna contraindicación se recomienda llevar a cabo una alimentación equilibrada como la expuesta anteriormente, que iremos introduciendo paso a paso. 

La quimioterapia es un tratamiento sistémico que afecta a las células que crecen rápidamente, como son las células cancerosas, pero que también puede afectar a algunas células sanas, como las de la mucosa de la boca o de las vías digestivas. Por ello, la quimioterapia puede causar problemas para alimentarse y digerir los alimentos.

Los efectos secundarios más comunes que pueden comprometer directamente la alimentación durante este tratamiento son la anorexia (pérdida de apetito), las náuseas, los vómitos, la diarrea, la astenia (decaimiento), disgeusia (cambio de sabores), anosmia (alteraciones de los aromas), etc. Estos síntomas  pueden aparecer a las pocas horas de haber iniciado el tratamiento y suelen persistir desde pocos días hasta algunos meses. 

La radioterapia  La radioterapia es un tratamiento localizado que incide directamente en las células cancerosas pero que también puede destruir células sanas cercanas al área irradiada. La cantidad del daño dependerá de la parte del cuerpo que se trata, la dosis total de radiación y la manera en que se administra. La radioterapia dirigida a la zona del aparato digestivo puede causar más problemas a la hora de alimentarse. La mayoría de los efectos secundarios empiezan pocas semanas después de empezar la radioterapia y algunos pueden continuar durante meses después de la finalización del tratamiento. Asimismo puede causar cansancio, que, a su vez, puede llevar a una disminución del apetito. Así pues, como se puede observar, tanto la cirugía como la radioterapia y la quimioterapia pueden provocar situaciones en las que se puede ver comprometida la alimentación y, por lo tanto, el estado nutricional del paciente. Sin embargo, no todos estos síntomas se dan en todos los pacientes, cabe tener en cuenta que cada persona es diferente y que la tolerancia a las terapias también es variable. Por lo tanto, no existen unas recomendaciones generales que sirvan para todos los casos.

                                                      

RECOMENDACIONES GENERALES DURANTE LA APARICIÓN DE EFECTOS SECUNDARIOS AL TRATAMIENTO QUE PUEDAN LIMITAR O DISMINUIR LA INGESTA DE ALIMENTOS

Los estudios científicos publicados muestran que un buen estado nutricional mejora la tolerancia al tratamiento oncológico por lo que la principal recomendación durante el tratamiento de cáncer es comer, acción imprescindible para mantener la energía y sobrellevar los efectos secundarios del tratamiento. Habitualmente comer suficiente no suele ser un problema. Sin embargo, durante el tratamiento, puede llegar a ser un desafío. A pesar de los posibles efectos secundarios descritos no todos ellos aparecerán a lo largo del tratamiento ya que cada persona y respuesta al mismo es diferente. Si aparecen, debemos intentar mantenernos positivos y tener paciencia, pensar que la situación es temporal y que la mayoría de efectos desaparecerán una vez finalizado el tratamiento.

 

Pautas

 • Comer a las horas que al paciente le apetezca, la cantidad que se desee y tantas veces como se necesite. Si es necesario, en lugar de hacer las cuatro o cinco comidas principales, realicemos varias comidas al día en pequeños volúmenes, pero intentando que sean muy nutritivas.

 • Comer lo que le apetezca en cada momento. Estas situaciones son puntuales, lo importante es evitar el ayuno.

• Aprovechar el momento del día con más hambre. Muchas personas consideran que la mañana es el momento en que tienen más apetito. Si es así es importante aprovecharlo para incluir en él los alimentos más energéticos y nutritivos.

• Fijarse pequeñas metas a lo largo del día. Aunque no se tenga apetito, sería conveniente pensar en la necesidad de comer. No es tan importante cuánto se come en una sola toma sino la cantidad que se consigue acumular a lo largo del día. Por ello, hay que plantearse objetivos nutricionales que se puedan cumplir: tomarse medio yogur, una galleta o tres almendras. Lo necesario es que se acumulen pequeñas cantidades de alimentos de alta densidad nutricional a lo largo del día.

 • Tratar de comer en un ambiente tranquilo y relajado. El exceso de ruido o las situaciones de estrés pueden disminuir aún más el apetito.

 • Cuidar, siempre que se pueda, la presentación de los platos, con variedad de colores, texturas. Es importante que la primera impresión del plato sea buena, que el plato sea apetecible para ayudar a abrir el apetito.

• No descuidar la hidratación. Beber muchos líquidos a lo largo del día. Si no se tiene demasiada hambre, intentar beber siempre fuera de la hora de las comidas y aprovechar los momentos de sed para tomar líquidos más nutritivos, como jugos de fruta o licuados de fruta y verdura. Recordar que es importante limitar el consumo de bebidas alcohólicas.

 • Intentar incluir algún alimento proteico en la mayoría de las tomas o comidas del día, ya que ayudan a reparar el daño que el tratamiento puede causar a los tejidos del cuerpo.

Me refiero a huevos, yogures, quesos, frutos secos, carne, pescado. En el caso de que no apetezcan, sería aconsejable añadir huevo cocido a las preparaciones que lo permitan: purés, cremas, sopas, pastas, ensaladas, entre otros.

• Si no hay problemas de sequedad o llagas en la boca, aprovechar para comer frutos secos (nueces, avellanas, almendras, entre otros), maní, fruta desecada (orejones, ciruelas, pasas, entre otros). Son muy nutritivos y concentran una gran cantidad de energía y nutrientes esenciales en pequeñas dosis.

• Tener siempre a la vista alimentos fáciles de comer, para ir “picoteando”. Pop, bastoncitos de pan saborizado,  galletas, frutos secos. Si los dejamos en nuestro campo visual puede que los comamos con más frecuencia