Alimentación basada en plantas

La enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de muerte en el mundo. La enfermedad cardíaca coronaria, el accidente cerebrovascular y la enfermedad vascular periférica son las enfermedades crónicas no transmisibles más prevalentes a nivel mundial, pues representan cerca del 30% de todas las muertes.

Los factores de riesgo asociados que se han demostrado son el tabaquismo, la dieta occidental, el sedentarismo, los valores elevados de tensión arterial, el estrés, las dislipemias, la diabetes mellitus tipo 2 y el exceso de peso, resaltan además la aterosclerosis como uno de los factores principales.

La placa de ateroma es originada por una suma de factores: lesión en los vasos sanguíneos, estrés oxidativo inflamatorio, acumulación de colesterol y lipoproteínas de baja densidad en la pared vascular, entre otros. Las dislipemias son anormalidades metabólicas causadas por el aumento de colesterol, lipoproteínas de baja densidad (c-LDL y/o c-VLDL) y triglicéridos en sangre, pudiendo o no acompañarse por una disminución de las lipoproteínas de alta densidad (c-HDL). La elevación del c-LDL es un factor de riesgo de ECV, por lo cual el tratamiento y prevención de esta tiene como objetivo su reducción o mantenimiento dentro de los valores normales.

En la actualidad, la evidencia científica apunta a la nutrición como el principal factor etiológico en la enfermedad cardiovascular aterosclerótica. La alimentación de tipo occidental está basada en productos procesados y ultraprocesados con exceso de azúcares simples, grasas saturadas, trans, sodio, carnes rojas, procesadas y lácteos que dañan progresivamente la función endotelial.

En contrapartida surge la alimentación basada en plantas, que consiste en, por un lado, el consumo diario de cereales integrales, legumbres, frutas, verduras, frutos secos, semillas y aceites vegetales; por otro lado, elimina o reduce al máximo posible el consumo de alimentos y productos de origen animal (carne de res, cerdo, ave, pescado, lácteos y huevos). Las dietas basadas en plantas bien planificadas se asocian con una disminución de mortalidad por todas las causas, obesidad, diabetes mellitus tipo 2, enfermedad coronaria, cardiopatía isquémica, infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular.
Según las directrices europeas de prevención de enfermedad cardiovascular en la práctica clínica, con cambios adecuados en la alimentación y estilo de vida se puede prevenir cerca del 80% de la mortalidad por ECV prematura. Incluso, se observaron beneficios con restricciones graduales o moderadas de alimentos/productos de origen animal siempre y cuando estos sean reemplazados por alimentos de origen vegetal saludables contemplados dentro de una alimentación basada en plantas.

Existen numerosas investigaciones que respaldan los beneficios de la implementación de una alimentación basada en plantas para prevenir y tratar ECV. Caldwell B Esselstyn et al. realizaron un estudio longitudinal prospectivo en 2014 con 198 enfermos coronarios que además tenían hipertensión, diabetes mellitus tipo 2, exceso de peso e hipercolesterolemia: 119 habían sido intervenidos quirúrgicamente mediante stents o by-pass coronario y 44 habían tenido un infarto agudo de miocardio.
Luego de realizar una alimentación a base de plantas y alimentos integrales durante cuatro años, el 99,4% de los participantes adherentes no desarrollaron ningún evento cardíaco importante (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y muerte). De los 21 participantes no adherentes, el 62% experimentó un evento adverso.

Otra revisión sistemática reciente de 86 estudios transversales y 10 estudios de cohorte prospectivos evidenciaron el significativo efecto protector de dietas vegetarianas para mortalidad por cardiopatía isquémica: en comparación con los patrones no vegetarianos, la reducción de riesgo observada fue del 25%. Además, una revisión sistemática y metaanálisis de ocho estudios de los Adventistas del Séptimo Día también muestran que las personas que llevan dietas vegetarianas tienen 40% menos de riesgo de enfermedad coronaria y una reducción del riesgo de padecer algún evento de enfermedad cerebrovascular del 29% en comparación con los no vegetarianos.

A su vez, también existe evidencia sobre el beneficio de consumir más alimentos de origen vegetal y menos alimentos/productos de origen animal para prevenir y tratar los factores de riesgo y/o afecciones asociadas a la ECV -dislipemias, exceso de peso, hipertensión, diabetes mellitus tipo 2-.

Estudios epidemiológicos han mostrado una alta prevalencia de hipercolesterolemia en los países occidentales. Según un informe publicado por la Asociación Americana del Corazón, el reemplazo de grasas saturadas por aceites vegetales poliinsaturados puede reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular en aproximadamente 30%, de manera similar al efecto de las estatinas. Además, un metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados de la misma entidad concluyó que una dieta libre de carne podría reducir significativamente el colesterol total y c-LDL, lo que se asociaría a una reducción del riesgo del 10% de enfermedad del corazón.

En cuanto a la hipertensión arterial, un análisis de datos de 844 estudios basados en 154 países entre 1990 y 2015, obtuvo que el 14% de todas las muertes y 143 millones de años de vida de discapacidad fueron atribuibles a esa anormalidad vascular. En ensayos controlados aleatorios, las dietas vegetarianas redujeron la presión arterial sistólica y diastólica en 4,8 mmHg y 2,2 mmHg, respectivamente. El resultado fue independiente de la ingesta de sal, sobrepeso y nivel de actividad física. En asociación, la reducción de la presión arterial sistólica en 5 mmHg se traduce en una reducción del riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria del 9% y una reducción del 14% en la mortalidad por accidente cerebrovascular.

Sobre la diabetes mellitus tipo 2, en 2013 se estimó que 382 millones de adultos en el mundo padecían esta afección, mientras que para 2035 se pronostica que esta cifra aumente a 592 millones. Diversos ensayos y sus seguimientos sugieren que la hiperglucemia crónica está asociada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en pacientes con diabetes. Un metaanálisis de seis ensayos controlados aleatorios mostró que el consumo de alimentos vegetales se asoció con una reducción significativa de HbA1c en 0,4 puntos porcentuales absolutos, en comparación con las dietas convencionales. Se estima que esta reducción en la HbA1c (independiente de las mejoras en el peso corporal, lípidos en sangre, presión arterial, agregación plaquetaria, entre otros) disminuiría los riesgos de infarto de miocardio en 6% y de enfermedad cardiovascular en 4,4% a 6% aproximadamente.

Además, los alimentos de origen vegetal también mejorarían el control glucémico mediante el aumento de la sensibilidad a la insulina y el efecto incretina. En el primer caso, un ensayo aleatorio cruzado ha demostrado que el reemplazo parcial de la carne por productos a base de soja aumentaría la sensibilidad a la insulina. En el segundo caso, la liberación de hormonas gastrointestinales, incluyendo aquellas con efecto incretina, es menor ante el consumo de carne procesada en comparación con el consumo de comidas veganas.

Luego de exponer la evidencia encontrada en relación con la alimentación basada en plantas, las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo, a continuación se detallarán los mecanismos a través de los cuales se explican los beneficios nombrados.

Una alimentación saludable a base de plantas, que hace hincapié en la ingesta de cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos, semillas, legumbres y aceites vegetales no hidrogenados, puede afectar la salud cardiovascular a través de numerosas vías biológicas potenciales.

Se llama microbiota intestinal a la comunidad de microorganismos que residen principalmente en el intestino grueso de los humanos y que junto con sus metabolitos, genomas y condiciones ambientales circundantes forman el microbioma intestinal. Este microbioma intestinal se ve directamente relacionado con los estados de salud y/o enfermedad del huésped. Es por esto que nuevas líneas de evidencia indican que el microbioma intestinal sería una de las vías a través de la cual la alimentación puede ser un factor protector o desencadenante para determinadas patologías o afecciones.

Los alimentos y productos animales son abundantes en colina y carnitina -carnes, carnes procesadas, lácteos y huevo-. Estas moléculas llegan al intestino y son descompuestas por la microbiota, obteniéndose trimetilamina (TMA). la cual se transforma a nivel hepático en N-óxido de trimetilamina (TMAO). Esta molécula aumenta, en sí misma, el riesgo de trombosis y, por lo tanto, de eventos cardiovasculares. De este modo influye en la salud cardíaca a través de sus efectos sobre las vías ateroscleróticas, la inflamación y los efectos trombóticos.

En la otra cara de la moneda se evidencia el efecto de las alimentaciones basadas en plantas sobre el microbioma intestinal y su efecto inversamente proporcional respecto a las enfermedades cardiovasculares. Los efectos de la fibra y los polifenoles junto con la disminución del metabolismo de los ácidos biliares podrían asociarse con los beneficios para la ECV. Todo esto se explicaría a través de los resultados de una investigación de la Clínica Cleveland de Estados Unidos en la que se les indicó a personas comedoras de plantas que consuman alimentos de origen animal. Así se obtuvo que los comedores de plantas no tienen bacterias capaces de producir TMAO, caso contrario a lo que se vio en omnívoros: ellos sí presentan bacterias capaces de producir esta sustancia.

La alimentación basada en plantas bien planificada es alta en fibra dietética. La fibra dietética se clasifica en fermentable o soluble (pectinas, mucílagos, gomas, betaglucanos) y no fermentable o insoluble. La formación de un gel viscoso por parte de la fibra soluble retrasa el vaciamiento gástrico, aumenta la sensación de saciedad, retrasa o reduce la absorción de glucosa y colesterol, modera la respuesta glucémica y la liberación insulínica posprandial. Además, el alto consumo de fibra se ha relacionado con reducción del peso corporal y de la formación de placa de ateroma, presión arterial más baja y menor riesgo de diabetes mellitus tipo 2. Específicamente se destacan los efectos saludables del consumo de tres gramos por día de betaglucano de la avena para la disminución del c-LDL y del riesgo de ECV.

Un contenido bajo de ácidos grasos saturados (AGS) y trans (AGT) -presentes en lácteos enteros, carnes rojas, aceites hidrogenados y productos procesados/ultraprocesados-, y alto en ácidos grasos monoinsaturados (AGMI) y poliinsaturados (AGPI) -frutos secos, semillas, pescados azules y aceites vegetales- de la alimentación basada en plantas puede reducir el riesgo de ECV a través de la mejora del perfil lipídico y de la sensibilidad a la insulina, como así también a través de la prevención de la diabetes mellitus tipo 2 y de la activación de vías antiinflamatorias con la supresión de vías proinflamatorias.
Por otro lado, dietas occidentales con consumo de ácidos grasos trans y saturados aumentan el c-LDL y reducen el c-HDL. Específicamente se vio que el efecto reductor de c-LDL de la alimentación basada en plantas es mayor cuando se reemplazan AGS por AGPI en comparación a si se reemplazaron por AGMI: cuando se reemplazó el 5% de la ingesta total de energía de AGS por AGPI se redujo el riesgo de cardiopatía coronaria en aproximadamente 10%. Sin embargo, otro estudio de cohorte reemplazó AGS, AGT y carbohidratos refinados por AGMI de fuentes vegetales –aceites vegetales, frutos secos y semillas– y de fuentes animales –carnes rojas y procesadas y productos lácteos–: en el primer reemplazo el riesgo de cardiopatía coronaria fue menor que en el segundo.

Datos de otros estudios de cohorte han demostrado que reemplazar cinco gramos por día de grasas provenientes de margarina, mayonesa, manteca o grasas láctea por aceite de oliva (rico en AGMI) se asoció con un riesgo 5% a 7% menor de padecer ECV. De todas maneras, no todos los aceites vegetales son beneficiosos para la dislipemia: el aceite de coco es alto en AGS y su consumo eleva significativamente el c-LDL en comparación con otros aceites vegetales. Por lo tanto, el aceite de coco no debe recomendarse para la reducción del riesgo de ECV.

En cuanto a las proteínas se vio que el reemplazo de proteínas animales por proteínas vegetales también mostró beneficios en la reducción de c-LDL, del peso corporal y del riesgo de eventos cardiovasculares y cáncer. A su vez, las proteínas animales, especialmente las de la carne, aumentarían la presión arterial.
Por último, las alimentaciones con predominio de alimentos de origen vegetal son ricas en determinados compuestos, vitaminas y minerales que aportan beneficios a la salud humana: polifenoles, fitoesteroles, vitaminas y minerales.

En primer lugar, la función antioxidante de los polifenoles se da a través de su capacidad de eliminación/neutralización de radicales libres lo que protege a las células del estrés oxidativo. A su vez, mantienen la salud vascular a través de la producción de óxido nítrico, inhiben la agregación plaquetaria, limitan la oxidación de LDL y reducen la inflamación vascular.

En segundo lugar, los fitoesteroles son compuestos de estructura similar al colesterol. Se encuentran de manera natural en alimentos de origen vegetal y se los contempla en el tratamiento de una dieta denominada Portfolio (dos gramos por día de fitoesteroles) para la reducción de c-LDL y del riesgo cardiovascular. También tienen efectos antiinflamatorios y afectan positivamente la función plaquetaria y endotelial.

En tercer lugar, vitaminas como la E, C y betacarotenos aportan beneficios antioxidantes a la salud cardiovascular. Minerales como el potasio muestran evidencia asociada a la reducción de la presión arterial y del riesgo de ACV mediante su modulación en la homeostasis vascular. Por su parte, el magnesio está implicado en el metabolismo de la glucosa y de la insulina, presentando también propiedades antiinflamatorias, vasodilatadoras y antiarrítmicas.

En conclusión, las dietas basadas en plantas bien planificadas comprenden un patrón alimentario de baja densidad energética centrado en cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas, lo que se traduce en un alto contenido de fibra, proteínas vegetales, ácidos grasos insaturados, polifenoles, esteroles y fitoquímicos. Estos componentes muestran efectos beneficiosos sobre los mecanismos asociados al desarrollo de ECV, como también sobre sus factores de riesgo.

Por todo lo mencionado y expuesto, las dietas basadas en plantas merecen ser incluidas dentro de las recomendaciones dietéticas. La Academia de Nutrición y Dietética afirma que “dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades”.


Bibliografía

  1. Esselstyn C. B. (2017). A plant-based diet and coronary artery disease: a mandate for effective therapy. Journal of geriatric cardiology: JGC, 14(5), 317–320. https://doi.org/10.11909/j.issn.1671-5411.2017.05.004
  2. Satija, A., & Hu, F. B. (2018). Plant-based diets and cardiovascular health. Trends in cardiovascular medicine, 28(7), 437–441.https://doi.org/10.1016/j.tcm.2018.02.004
  3. Trautwein, E. A., & McKay, S. (2020). The Role of Specific Components of a Plant-Based Diet in Management of Dyslipidemia and the Impact on Cardiovascular Risk. Nutrients, 12(9), 2671.https://doi.org/10.3390/nu12092671
  4. Kahleova, H., Levin, S., & Barnard, N. (2017). Cardio-Metabolic Benefits of Plant-Based Diets. Nutrients, 9(8), 848.https://doi.org/10.3390/nu9080848
Lic. Nut. Camila Di Nucci
La evidencia científica apunta a la nutrición como el principal factor etiológico en la enfermedad cardiovascular aterosclerótica. La alimentación bien planificada basada en plantas se asocia con una disminución de la mortalidad por todas las causas: obesidad, diabetes mellitus tipo 2, enfermedad coronaria, cardiopatía isquémica, infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular.
Facebook
Twitter
LinkedIn