Las investigaciones demuestran que las dietas actuales compuestas por alimentos ricos en carbohidratos refinados, azúcares, edulcorantes, conservantes, colorantes, saborizantes, altas cantidades de grasas saturadas, trans, proteínas animales y alcohol están relacionadas con desequilibrios de la microbiota intestinal, denominados disbiosis.
Una microbiota en desequilibrio puede aumentar la permeabilidad de su barrera intestinal posibilitando la entrada de antígenos (dietarios y/o microbianos) desde la luz del intestino. Se activa de esta manera al sistema inmune entérico (tejido linfoide asociado al intestino, el cual alberga el mayor número de estructuras inmunológicas del cuerpo), lo cual puede conducir a diversos trastornos de origen inflamatorio.
Para volver a equilibrar el ecosistema intestinal debemos llevar una alimentación rica en prebióticos y probióticos. En este articulo se detallan en qué alimentos se puede hallarlos, pero antes es necesario comprender la importancia de una microbiota saludable.
Sabemos que una manera mediante la cual las bacterias benéficas ejercen sus funciones es a través de sus metabolitos, los ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos señalizan células neuroendocrinas con correspondientes efectos hormonales, metabólicos e inmunomoduladores que mantienen la salud de las personas. También poseen la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica (BHE), lo que supone un nexo importante con la estabilidad del sistema nervioso central.
Prebióticos
Son carbohidratos complejos no digeribles por las enzimas digestivas y, por lo tanto, fermentables por las bacterias intestinales. Sabemos que el grupo mayoritario de bacterias benéficas debieran ser sacarolíticas, ya que poseen actividad mucho-nutritiva al descomponer la estructura de estos carbohidratos complejos.
De allí se sugiere que comer una gran variedad de prebióticos les suministra alimento para su supervivencia y diversidad. Los más estudiados son la inulina (alcaucil, avena, cebada, banana), FOS (ajo, cebolla, puerro, espárragos) y GOS (legumbres, papa, batata).
Otros prebióticos conocidos son los polifenoles (fitoquímicos presentes en café, cacao, arándanos, pellejo de uva, té verde, brócoli y nueces) metabolizadas en compuestos que generan un ambiente anaeróbico estricto, beneficioso para el crecimiento de bacterias probióticas. Además, demostraron aumentar los niveles de Akkermansia Muciniphila, una bacteria encargada de mantener la capa de moco intestinal de forma saludable y proveer alimento cruzado para el crecimiento de otras bacterias benéficas.
Últimamente también se ha destacado la función de los almidones resistentes (tubérculos, legumbres y cereales que luego de ser cocidos son enfriados a 4-5ºC) produciendo la retrogradación de la estructura del almidón, siendo este no alcanzable por las enzimas digestivas y actuando como prebióticos. Estos son fermentados de forma selectiva por bacterias productoras de Butirato, un ácido graso de cadena corta responsable del trofismo de las células intestinales, lo cual garantiza la integridad de la barrera intestinal, reduciendo así el riesgo de activación inmunológica.
Probióticos
Son especies de bacterias estudiadas que aportan beneficios para la salud. Por ejemplo, compiten con las bacterias patógenas por los sitios de adhesión y nutrientes, a la vez que producen sustancias que crean un ambiente desfavorable para éstas.
Algunas pueden aumentar la expresión de genes responsables de la producción del moco protector y la expresión de proteínas estructurales (ocludinas y claudinas) de las uniones estrechas de la barrera intestinal, reduciendo su permeabilidad.
Entre las especies más estudiadas se encuentran las Bifidobacterias (B.Longum, B. Brevis, B. Infantis, B.Lactis) y los Lactobacilos (L.Helveticus, L. Rhamnosus, L. Plantarum, L. Casei, L. Acidophilus, L. Brevis). Estas son halladas en suplementos probióticos o alimentos fermentados como yogures. Otros alimentos fermentados (chucrut, pepinillos, tofú, tempeh) y ciertos alimentos con cultivos activos (kéfir, kimchi, kombucha) también pueden sumar bacterias útiles al ecosistema intestinal, aunque de forma más inespecífica.
Sinbióticos
Son una mezcla de microorganismos probióticos y sustratos prebióticos, que pueden ser complementarios, en la que ambos funcionan independientemente para aportar beneficios para la salud. La mayoría de los suplementos sinbióticos del mercado son complementarios. O, sinérgicos, en la que ambos trabajan como un equipo para aportar beneficios a nuestra salud. Un ejemplo sinérgico sería el yogur con la combinación de la especie Lactobacillus y la lactosa que fomenta su crecimiento de forma selectiva.
Postbióticos
Son una preparación de microorganismos inanimados y/o sus componentes que confiere beneficios a la salud del huésped. En otras palabras, incluyen células microbianas inanimadas y/o fragmentos celulares de la pared o las proteínas membranales, aclarándose que puede contener o no metabolitos sintetizados por las bacterias. Es así que el butirato per se (un metabolito muy beneficioso que se comercializa como suplemento en algunos países), deberá seguir llamándose por su apelación, ya que no se ajusta al término. Por otro lado, el yogur contiene tanto moléculas como microorganismos vivos e “inanimados” resultado de la fermentación, pues este se ajusta al término de postbiótico. Si bien este campo está en investigación con el fin de generar suplementos en el futuro.
Conclusiones
En términos generales, la salud intestinal se asocia actualmente a una microbiota diversa, este es un requisito para mantener la salud del ser humano. Dicho esto, cuanto más prebióticos y probióticos contenga la dieta, más diversidad de bacterias habrá presentes y más funciones serán llevadas a cabo.
Hay que recordar que la salud del organismo es reflejo de la salud intestinal y que ésta última depende en gran medida de las elecciones alimentarias.
Estos hábitos dietarios deben complementarse con el estilo de vida. Se debe educar a la población para evitar la exposición a productos químicos, pesticidas, polifarmacia, tóxicos como plásticos y metales. Evitar el sedentarismo como la alteración de los ritmos circadianos, estrés físico y mental de forma crónica. Sabemos que todos también son determinantes para el equilibrio intestinal y la aparición de patologías futuras.
Lic. Flavia Robetto
Licenciada en Nutrición en la Universidad de Buenos Aires (UBA). MN 7915
Posgrado en Nutrición Ortomolecular |UNC.
Posgrado en Microbiota Intestinal |UNAS.
Certificación en Fertilidad y Salud Hormonal | Brasil