Opción Médica

Causas del sobrepeso y obesidad

Cuando hablamos de sobrepeso u obesidad la primera causa que suele aparecer es el consumo excesivo de energía y el bajo nivel de actividad física. Pero ¿sólo la comida y el ejercicio determinan nuestro peso corporal? La problemática resulta más compleja de lo que parece, y termina resultando una enfermedad estigmatizada a causa del desconocimiento de su multicausalidad.

Existen muchos factores relacionados al aumento de peso, que si interactúan dentro de un ambiente “favorable” para que este se desarrolle, puede resultar no solo en la obesidad (enfermedad en sí misma) sino también, aumentar el riesgo de desarrollo de enfermedades no transmisibles (ENT) tales como la enfermedad cardíaca, diabetes, presión arterial alta
y ciertos tipos de cáncer.

Antes de desarrollar cada causa, tenemos que saber que la obesidad es considerada a escala global como la epidemia del siglo XXI y Uruguay no escapa de esta realidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define sobrepeso y obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La define como una enfermedad crónica multicausal.

En Uruguay, según la segunda encuesta nacional de factores de riesgo de enfermedades no transmisibles, en 2013 la prevalencia de sobrepeso y obesidad en personas entre 25 y 64 años es de 64,9 %. Es decir que casi 2 de cada 3 personas registran sobrepeso/obesidad. El ascendente número de nuevos casos, refleja la necesidad de conocer las causas desencadenantes para poder trabajar sobre los factores modificables. 

Causas.
Desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas.
La causa primaria del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas. Dos grandes factores conocidos, los llamados “big two”, consumo de alimentos de alta densidad energética e inactividad física. Pero como dijimos es una enfermedad multicausal, por lo tanto nombrar solo los “big two” sería una sobre simplificación del tema.

Susceptibilidad genética.
No se discute que existe una susceptibilidad genética, sin embargo, la evidencia muestra que es necesario un ambiente facilitador, es decir un ambiente “obesogénico” (Un ambiente colmado de estímulos alimentarios, trabajo sedentario o excesiva carga laboral sin la posibilidad de entrenar, e incluso, un ambiente estresante). Por lo tanto, la genética no
es destino.

Deuda del sueño.
La duración del sueño es un importante regulador del metabolismo y el peso corporal. La disminución de la calidad y las horas de sueño, promueve la disminución de los niveles de leptina (señal de saciedad) y aumenta los niveles de ghrelina (estimulante del apetito). De esta manera, se incrementa sobre todo el deseo de alimentos con alto contenido en carbohidratos. También se altera la liberación de ciertas hormonas y aumenta la concentración de citoquinas inflamatorias.

La climatización constante.
La climatización constante de los ambientes nos evita tener que gastar calorías. La termoneutralidad humana es de 21 grados pero actualmente vivimos en ambientes donde la calefacción ronda en los 25 a 30 grados. Esto disminuye el gasto energético para el mantenimiento de la temperatura corporal. A su vez, las bajas temperaturas favorecen el desarrollo
del tejido adiposo pardo que aumenta la liberación de energía en forma de calor.

Los disruptores endocrinos.
Son sustancias químicas artificiales que contaminan el ambiente. Su peligro radica en que pueden alterar señales celulares involucradas en el peso corporal, la homeostasis lipídica y hasta la distribución de la grasa. Los más cotidianos son los pesticidas y algunos plásticos.

Microbiota intestinal.
La microbiota intestinal es diferente en individuos que tienen obesidad que en personas delgadas. La forma en la que el cuerpo procesa las calorías podría variar drásticamente de una persona a otra. Los tratamientos con antibióticos en edades tempranas, pueden alterar la composición de la microbiota intestinal, lo que puede llevar a reducir las especies
protectoras de la obesidad.

Fármacos.
Muchos fármacos poseen como resultado colateral negativo la ganancia de peso. Entre ellos: algunos psicofármacos, antidiabéticos, antihipertensivos, antivirales.

Dietismo.
Existe evidencia de que el dietismo (dietas muy bajas en calorías y depreviación del placer) es el mejor predictor de la ganancia de peso. Es decir que las personas que realizan dietas extremas ganan más peso en comparación con las personas que nunca realizaron dieta. Al restringir las calorías se baja de peso y esto se acompaña de una reducción de la masa muscular y como el músculo es un órgano activo que gasta energía, si este baja el metabolismo se enlentece.

Además, ocurre una desregulación hormonal, la grelina que estimula el apetito aumenta más de lo normal y se mantiene incluso alta una vez que la persona comió. También otras hormonas que por el contrario producen saciedad, bajan cuando se hace una dieta estricta. En resumen, el hambre y el deseo de comer cuando se está a dieta está aumentado, y
el resultado de todos estos cambios van a resultar en un aumento del peso corporal.

Para mantener una pérdida de peso, esta tiene que ser de forma gradual y no bruscamente. Que sea a base de un cambio de hábitos acorde a la rutina, necesidades y gustos de la persona, será clave para sostenerlo en el tiempo.