La intervención temprana en este trastorno del neurodesarrollo que causa alteraciones clínicamente significativas a nivel social, ocupacional y en otras áreas importantes del funcionamiento de la persona, puede ayudar en el avance del desarrollo general del niño y en el logro de objetivos inmediatos.
Guillermina Lussich
Lic. en Psicopedagogía
Máster ABA Young Autism Project (España)
Supervisora de Tratamientos basados en ABA
Directora Learn ABA
Marina Varela
Terapeuta ABA formada en el exterior
Supervisora de Tratamientos ABA
Directora Learn ABA
El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que causa alteraciones clínicamente significativas a nivel social, ocupacional y en otras áreas importantes del funcionamiento de la persona. Es una alteración altamente individualizada, caracterizada por su heterogeneidad sintomatológica. A esto hace referencia el concepto de “espectro”. Las mismas características sintomatológicas pueden variar y presentarse en distintos grados, estando de todas formas bajo el mismo diagnóstico.
Diagnóstico
Según el DSM V son dos los criterios diagnósticos para confirmar el TEA. Por un lado, los déficits persistentes en la comunicación e interacción social, que se manifiestan en déficits en reciprocidad socio-emocional, déficits en conductas comunicativas no verbales usadas en la interacción social y déficits para desarrollar, mantener y comprender relaciones. Por otro lado, la presencia de patrones repetitivos y restringidos de conductas, actividades e intereses, que se manifiestan en al menos dos de los siguientes síntomas actuales o pasados. Movimientos motores, uso de objetos o habla estereotipadas o repetitivos, insistencia en la igualdad, que se observa en la adherencia inflexible a rutinas o patrones de comportamiento verbal y no verbal ritualizado. Intereses altamente restringidos, obsesivos, que son anormales por su intensidad, frecuencia o topografía y, por último, la hiper o hipo-reactividad sensorial o interés inusual en aspectos sensoriales.
Estos síntomas deben estar presentes en el período de desarrollo temprano y no se explican mejor por la presencia de una discapacidad intelectual o un retraso global del desarrollo (DSMV). La sintomatología puede verse, en muchos casos, antes de los 18 meses de edad. En esta etapa, se observa una mayor presencia de sintomatología negativa. Ésta hace referencia a aquellas conductas y habilidades que se encuentran en defecto, por ejemplo, la carencia o alteraciones llamativas en el lenguaje, la falta de atención y motivación hacia las actividades que otros niños encuentran motivantes, la ausencia de imitación, de habilidades de juego, la dificultad en la interacción social, en la expresión de emociones, etc. El trastorno del espectro autista también se caracteriza por sintomatología positiva, es decir, aquellas conductas que se encuentran en exceso, por ejemplo, conductas inapropiadas, agresiones, oposicionismo, autoestimulaciones, conductas repetitivas, rituales, etc.
El diagnóstico es clínico, se basa en la observación de la conducta. Para ello, existen distintas escalas como el ADOS-2, M-CHAT, ADI-R.
Prevalencia
En lo últimos años, la prevalencia del trastorno ha aumentado de forma exponencial. Esto ocurre debido a una mejor identificación y mayor número de diagnósticos. Se observa también mayor consciencia reflejada en la reducción de la edad de diagnóstico, sumado al incremento en la inclusión de los criterios diagnósticos. Pero además, los factores genéticos y ambientales que podrían contribuir a la aparición del trastorno y que se continúa investigando a nivel mundial.
En cuanto a la prevalencia del TEA, según la Red ADDM del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), en 2016 se detectó uno en 54 niños de ocho años. En Uruguay no hay investigaciones epidemiológicas de este trastorno. Existe una predominancia de 4:1 para el sexo masculino siendo este resultado constante alrededor del mundo.
Origen
Su origen obedece a anomalías en las conexiones neuronales con una etiología multifactorial, dado que se ha descrito la implicación de varios genes junto a la identificación de factores de riesgo ambiental que interactúan entre sí y con el resto del genoma en cada individuo. Los factores genéticos, según investigaciones, parecen ser importantes. Cuando el autismo ocurre en gemelos idénticos, ambos padecen del trastorno más del 60% del tiempo, mientras que cuando ocurre en gemelos fraternos, ambos tienen autismo solo entre el 0% y el 6%. Si los genes no estuviesen involucrados en el autismo, las tasas de autismo serían las mismas para ambos tipos de gemelos.
Los estudios de familias con autismo muestran que los hermanos de una persona con autismo tienen entre 2% y 8% de probabilidad de también padecer autismo, lo que constituye a una tasa mucho mayor que la de la población en general. Además, algunos de los síntomas parecidos a los del autismo, como retraso en el desarrollo del lenguaje, ocurren con más frecuencia en los padres o en hermanos adultos de personas con autismo en comparación con familias que no tienen parientes con TEA (Dapretto, Davies, Pfeifer, 2006).
Si un niño presenta retrasos identificados en el desarrollo y se sospecha TEA pero no se confirma, es importante comenzar con los servicios de intervención temprana.
Intervención temprana
Según el State of New York Department of Health (DOH), es importante identificar a los niños con TEA y comenzar las intervenciones apropiadas lo antes posible. La intervención temprana puede ayudar en el avance del desarrollo general del niño, en el logro de objetivos inmediatos, en el aumento de las conductas apropiadas y puede conducir a mejores resultados de funciones a largo plazo.
Si un niño presenta retrasos identificados en el desarrollo y se sospecha del TEA pero no se confirma, es importante comenzar con los servicios de intervención temprana apropiados a fin de abordar los retrasos de desarrollo identificados lo antes posible. Se recomienda que los servicios de intervención temprana, intensivos e integrales, que abordan los déficits centrales del TEA y otros retrasos del desarrollo o preocupaciones de salud, comiencen apenas se sospecha que un niño puede tener TEA.
La intervención debe ser individualizada y basarse en las características de cada niño en particular. Se recomienda que los objetivos y resultados de la intervención del niño se identifiquen claramente, de manera apropiada para la edad y el estado de desarrollo del niño. Las prácticas que se utilicen deben estar basadas en la evidencia.
Es importante incluir a los padres como participantes activos del equipo de intervención en la medida de sus intereses, recursos y habilidades. La participación de los padres es un pilar fundamental para garantizar que los resultados, objetivos y estrategias de conducta y desarrollo más importantes para la familia se incorporen en la intervención y para promover la generalización de nuevas habilidades.
Los servicios de intervención temprana deben brindarse en entornos naturales siempre que sea apropiado para el niño y la familia. Se recomienda que cualquier programa de intervención para niños con autismo esté basado en el análisis aplicado del comportamiento (ABA). Estas intervenciones están respaldadas por numerosos estudios e investigaciones que demuestran que una intervención intensiva, temprana e integral puede afectar muy positivamente a los niños con TEA.
Se recomienda determinar la cantidad precisa de horas y la duración de la intervención conductual con base en un rango de características del niño y la familia, incluidas la gravedad de los síntomas autistas, la tasa de progreso, las consideraciones de salud, la tolerancia del niño a la intervención y la participación familiar. En los estudios recientes revisados, las intervenciones efectivas basadas en las técnicas de ABA variaron en intensidad entre 14 y 28 horas por semana (DOH, 2017).
Bibliografía
-American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.
-Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. (2016)
-Dapretto M, Davies MS, Pfeifer JH, Ecott AA, Sigman M, Bookheimer SY, et al. Understanding emotions in others: mirror neuron dysfunction in children with autism spectrum disorders. Nat Neurosci. 2006; 9: 28-30.
-CALA HERNANDEZ, Odilkys; LICOURT OTERO, Deysi y CABRERA RODRIGUEZ, Niurka. Autism: an approach toward its diagnosis and genetics. Rev Ciencias Médicas [online]. 2015, vol.19, n.1
– Departamento de Salud del estado de Nueva York: Pautas de práctica clínica sobre servicios de evaluación e intervención para niños pequeños con Trastornos del Espectro Autista (TEA), 2017.