¿Es el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado la nueva caja de Pandora?

Flavia Robetto

Licenciada en Nutrición UBA MN 7915
Posgrado en Nutrición Ortomolecular UNC
Posgrado en Microbiota Intestinal UNSA
www.alitest.com.ar - Instagram: Alitest
Argentina

En condiciones normales el intestino delgado no debe albergar gran cantidad bacterias, pues es una zona dedicada principalmente a la digestión y absorción de nutrientes. Se considera sobrecrecimiento bacteriano, o SIBO por sus siglas en inglés, al exceso de bacterias en el intestino delgado proximal.

El intestino delgado no debe albergar gran cantidad bacterias, puesto que es una zona dedicada fundamentalmente a la digestión y la absorción de nutrientes. Por ende, se considera sobrecrecimiento bacteriano al exceso de bacterias en el intestino delgado proximal (o SIBO por sus siglas en inglés). Se trata de un tipo de disbiosis y actualmente se conocen tres clases de SIBO: de Hidrógeno, cuando hay proliferación excesiva de bacterias; de Metano, cuando se da sobrecrecimiento de archeas metanogénicas, y de Sulfuro de hidrógeno, cuando se da sobrecrecimiento de bacterias reductoras de sulfato. Este último aún está en líneas de investigación.

Causas

En condiciones normales el intestino, durante los periodos de ayuno, activa el complejo motor migratorio (CMM). Estos movimientos son importantes ya que su función es mantener la luz del intestino delgado despejada y limpia de bacterias y restos alimenticios, disminuyendo así el riesgo de sobrecrecimiento. Por lo cual comer cada dos horas resulta algo negativo para este mecanismo natural de limpieza. Una pauta es dejar períodos de cuatro horas entre las ingestas.

Uno de los síntomas más claros de una motilidad deficiente es el estreñimiento. Puede ser debido a mayor edad, a ciertos fármacos (anticolinérgicos, antidiarreicos, opiáceos) o patologías como hipotiroidismo, neuropatía diabética, Parkinson, esclerosis múltiple, celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal (Crohn, colitis ulcerosa), etc.

 

Dentro de las causas frecuentes, aparece el déficit de ácido gástrico, bilis o enzimas digestivas. Estos tienen propiedades bacteriostáticas, impiden que las bacterias colónicas lleguen al estómago e intestino proximal. Cuando su cantidad se ve mermada, existe mayor probabilidad de colonización en estas porciones del tubo digestivo. A modo de resumen, algunas condiciones que causan disminución de ácido clorhídrico (hipoclorhidria) son: mayor edad, protectores gástricos y antiácidos, gastritis crónica atrófica por Helicobacter pylori o autoinmune y bypass gástrico.

Condiciones que provocan disminución de la bilis (colestasis) son: piedras en la vesícula biliar que obstruyen el flujo biliar, inflamación de las vías biliares, hepatitis y algunos fármacos.

Condiciones que conducen a déficit de enzimas pancreáticas son: mayor edad y patologías pancreáticas.

Otras posibles causas son las alteraciones anatómicas que comprometen a la válvula ileocecal, cuando la puerta que separa el intestino grueso del delgado queda abierta es más probable que aparezca un SIBO. Esto puede ser de origen funcional o post quirúrgico. La disminución o déficit de inmunoglobulina A o el síndrome de asa ciega.

 

Síntomas

La fermentación llevada a cabo por las bacterias y arqueas darán molestias derivadas del acúmulo de gas: distensión abdominal alta, dispepsia, dolor abdominal, eructos, reflujo y alteraciones del tránsito intestinal como estreñimiento o diarrea (en función de los microorganismos presentes en el intestino delgado). Por otro lado, la producción de metabolitos tóxicos por parte de estas bacterias causará inflamación de la mucosa intestinal con deterioro de las vellosidades, aumentando el riesgo de malabsorción y disminución de enzimas y transportadores.

Lo más notorio es el déficit de vitamina B12, de vitaminas A, D, E y de hierro. Pudiendo aparecer anemia o alteraciones del sistema nervioso. Los niveles de folatos y vitamina K son generalmente normales debido a la capacidad de las bacterias de sintetizarlos. Otro síntoma notorio son las intolerancias como fructosa/sorbitol, lactosa e histaminosis.

Derivado de no atender los síntomas anteriores durante largo tiempo, puede aparecer aumento de la permeabilidad intestinal (conocido en inglés como Leaky Gut). Ante esta situación se verá aumentada la probabilidad de aparición de enfermedades autoinmunes, alérgicas, dermatológicas, neurológicas y metabólicas, entre otras.

Diagnóstico

La prueba más utilizada en la actualidad es el test de aliento espirado con lactulosa o glucosa. Consiste en soplar a través de una boquilla para medir en diferentes momentos la cantidad de hidrógeno y metano del aliento tras tomar el sustrato. Su elevación en la primera parte del test (los primeros 90 minutos más o menos, puede variar según la velocidad de tránsito intestinal de cada persona) indicaría la presencia de microbiota colónica en el intestino delgado y por lo tanto un SIBO positivo.

                                                   

Curvas únicamente con hidrógeno pueden dar lugar a falsos negativos. El hidrogeno elevado es indicativo de presencia de bacterias, mientras que si se eleva el metano muestra existencia de archeas.

Mientras que las bacterias se alimentan de azúcares, las archeas se alimentan del hidrógeno producido por las bacterias. Es decir, podríamos encontrar una curva sin hidrógeno porque las archeas lo hubieran utilizado. Si no se miden ambos gases, no se verá una fotografía relista. Desde luego, existen otras limitaciones para estos estudios.

El aspirado y cultivo del yeyuno proximal es considerado el gold estándar, pero esta técnica de diagnóstico lleva tiempo, es cara, invasiva y conlleva los riesgos de la endoscopias y sedación.

                                                     

Muchos autores consideran un SIBO positivo cuando el número de bacterias es igual o superior a 10 5 UFC por ml. Actualmente algunos estudios cuestionan esta cifra, proponiendo el diagnóstico a partir de 10 3 UFC por ml.

Finalmente, en los últimos tiempos surgen gran variedad de estudios que evalúan el SIBO a través del gen 16s ARN ribosomal.

Tratamiento

La tríada del tratamiento consiste en el procedimiento antibiótico, el abordaje nutricional y finalmente la gestión del estrés.

Se utilizan antibióticos de amplio espectro entre 7 y 14 días, en función de qué gas se eleva. Muchas veces son necesarios varios ciclos, por lo que es recomendable dosis mínimas efectivas y rotarlos para disminuir la posibilidad de resistencia. Puede ser de ayuda un tratamiento coadyuvante con fitoterapia: aceite de orégano, aceite de tomillo, berberina, alicina, ajenjo, canela, entre otros; y probióticos a base de lavaduras o esporas para mantener el equilibrio de la microbiota colónica. Se suele utilizar procinéticos en casos donde existe afección de la motilidad intestinal y enzimas digestivas en patologías donde sean necesarias.

El sobrecrecimiento bacteriano o SIBO es un síndrome de reciente aparición diagnóstica caracterizado por la proliferación patológica de bacterias de tipo colónico en el intestino delgado. Está reconocido como una entidad médica dentro del contexto de las alteraciones de la flora bacteriana intestinal.

La dieta baja en FODMAPs limita el aporte de todos los azúcares fermentables que pueden ser usados por las bacterias como sustrato energético, por ello se considera una herramienta para disminuir su actividad en el intestino delgado. No obstante, sin estar asociada al tratamiento antibiótico no erradicará el sobrecrecimiento. Esta dieta no está diseñada para seguirla por largo tiempo para evitar una disbiosis colónica, pues sin fibra las bacterias beneficiosas se verán reducidas.

Por último, la gestión del estrés es fundamental. El estrés crónico tiene implicaciones orgánicas que favorecen la proliferación de las bacterias. Debido a que disminuye el ácido clorhídrico del estómago, altera el sistema inmunitario aumentando el riesgo de colonización de microorganismos patógenos, altera el peristaltismo intestinal, etc. Priorizar el descanso nocturno puede ser un pilar, la falta de descanso que se alarga en el tiempo puede inducir un incremento de cortisol, la hormona del estrés. Cuando nuestro reloj interno se desregula, la salud se ve resentida. Es buena idea exponerse a la luz solar al levantarse y evitar la luz de pantallas azules antes de acostarte.

Conclusiones

El SIBO se relaciona con patologías que van desde un síndrome de intestino irritable hasta una depresión. En muchos trastornos se encuentra sobrecrecimiento bacteriano, pero es complicado establecer qué aspecto se desequilibra primero (qué es causa o consecuencia).

Lo importante es intentar devolver el equilibrio a la microbiota intestinal. Aunque pueda ser un proceso largo, lo primero es hallar una posible causa, debido a que si no se atiende la raíz del problema habrá riesgo de recidivas. Luego saber ante qué tipo de SIBO se está y si existe concomitante otro tipo de disbiosis (H. pylori, candidiasis o parasitosis).

Por lo que se puede entrever, es más complejo de lo que parece. Es imprescindible que sea tratado por un profesional especializado en el tema con un perspectiva holística e integrativa. Esto abarca alimentación, suplementación y modificaciones en el estilo de vida, pero sobre todo apoyo, ya que es un proceso que requiere de mucha constancia.

Bibliografía

Mark Pimentel. Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Am J Gastroenterol 2020. https://doi.org/10.14309/ajg.0000000000000501

Konturek P.C. Stress and the gut: pathophysiology, clinical consequences, diagnostic approach and treatment options. Journal of physiology and pharmacology 2011. http://jpp.krakow.pl/journal/archive/12_11/pdf/591_12_11_article.pdf