Opción Médica

Estrés y sobrecarga del cuidador

Successful doctor and young nurse talking with their senior female wheelchair-bound patient.

A lo largo de la vida los seres humanos atravesamos situaciones en las que necesitamos ser cuidados por otras personas, y la vejez, cuando es vivida con dependencia, es un ejemplo de ello.

En la mayoría de los casos, cuidar a una persona cercana o familiar puede ser de las experiencias más dignas y merecedoras de reconocimiento por parte de la sociedad. Es una actividad que normalmente no está prevista y para la cual no se está preparado. Si bien en general está motivada por un sentido de solidaridad y cariño, otras veces es asumida por obligación.

Al hablar de cuidador, nos referimos a aquella persona sobre quien recaen las principales responsabilidades en cuanto al cuidado y a la toma de decisiones que afectan a la persona mayor a su cuidado.

Cada cuidador vivirá esta experiencia a su manera, entonces encontraremos quienes lo vivencian como extremadamente estresante, para otros los cambios en el comportamiento de su familiar serán lo más difícil de sobrellevar, aun cuando en términos generales la experiencia de cuidar sea algo emocionalmente satisfactorio. Es así como no existe una única forma de afrontar la responsabilidad de cuidar de otro.

Estas son situaciones que pueden generar consecuencias en la salud de quien cuida, padeciendo lo que se denomina “sobrecarga del cuidador”, que se define como una sensación de incomodidad o molestia originada por la demanda excesiva de cuidados o la claudicación emocional ante esa situación.

Cuidar de alguien requiere de tiempo y mucha energía, es por eso que, si debemos estar a cargo de una persona en situación de dependencia, tendremos que cuidarnos también a nosotros mismos.

Señales de alerta

El propio cuerpo nos muestra señales cuando estamos sobrecargados y debemos estar atentos a ellas. Podemos darnos cuenta de que nos enojamos con mayor facilidad, que estamos más susceptibles o que lloramos con mayor frecuencia, y a veces sin un motivo aparente.

Es habitual sentir que no se puede con todo y cualquiera de nuestras conductas, como la de fumar, beber o comer alimentos poco saludables, puede aumentar cuando nos sentimos sobrecargados por la tarea de cuidado. Las dificultades para concentrarse, el tiempo necesario para hacer tareas sencillas, los olvidos, son frecuentes y muchas veces preocupan sobre el propio estado de salud.

A nivel físico también puede experimentarse malestar como tensión muscular, contracturas, dolor de estómago, de cabeza, o problemas para dormir. Por eso es importante estar atentos a estos signos, pero, sobre todo, hacer algo al respecto.

Fomentar la autonomía

La mayoría de los cuidadores piensan en primer lugar en los cuidados físicos, esto es, en la alimentación, la higiene, las ayudas para que pueda movilizarse, entre otros. Sin embargo, en el afán por hacerlo bien, por evitar accidentes o también por terminar rápido con la tarea, limitamos a la persona mayor a nuestro cuidado en algunas acciones que podría realizar por sí mismo.

Es crucial comprender que en la medida en que limitemos las posibilidades de acción de una persona, solo aumentaremos su dependencia y su necesidad de cuidados. Entonces, dedicar un tiempo a pensar aquellas actividades en las que sí pueda participar activamente, como colaborar en poner la mesa, doblar la ropa, o de cuidado personal como vestirse la mayor parte que pueda, bañarse tanto como le sea posible por sí mismo, integrando estas posibilidades a las rutinas diarias, ayudará a mejorar nuestra idea de que ya no puede hacer nada y todo depende de nosotros.

Ser realistas

En primer lugar, cada cuidador debe ser realista consigo, con sus capacidades y sus limitaciones. Para ello habrá que tomar decisiones diarias y considerar una cantidad de actividades a realizar en el día, que de verdad se puedan llevar a cabo.

Sabemos muchas veces por consejo médico y por información que vamos recolectando, que nuestro familiar se beneficiaría de salir a caminar todos los días, de realizar actividades de estimulación cognitiva y otras, pero a su vez es necesario mantener el orden y aseo de nuestro hogar, preparar la comida y eventualmente atender a otros miembros de la familia que también dependen de nosotros.

Creer que se es capaz de cubrir todos esos frentes de batalla termina siendo un agobio que no hace más que agravar la sensación de estar al límite de las posibilidades. En cambio, si al inicio de cada día realizamos una pequeña planificación de aquellas cosas que son absolutamente necesarias, y otras que sería bueno hacer pero que no son imprescindibles, lograremos administrar nuestras energías para no terminar agotados.

Buscar momentos para uno mismo

Cuando hablamos de actividades imprescindibles debemos incluir al menos una actividad, por mínima que parezca, que sea de nuestro disfrute personal. En este punto, no existen guías ni consejos, pues cada persona sabe lo que es placentero para sí mismo en cada momento, solo hay que buscarlo e integrarlo a la vida cotidiana real y posible.

Aceptar los sentimientos

Cuando se cuida a una persona se pueden experimentar muchos sentimientos contradictorios. En un mismo día uno puede sentirse alegre, enojado, frustrado, culpable, feliz, etc., pero como todos los sentimientos humanos, éstos no son ni buenos ni malos en sí mismos, sino que son normales y tratar de ocultarlos solo aumenta la sobrecarga.

Compartir con otros

Nos puede parecer un signo de debilidad o ingratitud el simple hecho de sentir este tipo de emociones, aunque si intentamos compartirlos con alguien de nuestra confianza, o en algún grupo de ayuda, veremos como la carga se aliviana.

A su vez, cuantas más personas del círculo de allegados conozca y comprenda la situación de la persona mayor a su cuidado, más integrada estará a los vínculos sociales y el cuidador no sentirá que debe aislarse de sus familiares y amigos, o renunciar a reuniones y eventos.

Delegar tareas

Para buscar a alguien a quien confiarle, aunque sea por unas horas, la tarea de cuidado, no es aconsejable esperar a estar exhausto o a la necesidad urgente. Esto llevará a no tomar consideraciones importantes al momento de elegir quien lo sustituya en la tarea y si algo malo ocurriera en su ausencia, solo reforzaría sentimientos como la culpa por no haber estado ahí y mayor dificultad en volver a buscar ese tiempo tan necesario para cuidar de usted mismo.

Por esta razón, puede ser útil seleccionar con tiempo, aunque todavía no precise el recurso, a quien pueda brindarle esa ayuda de forma solidaria o remunerada. También puede coordinar alguna visita previa para familiarizarse con la persona mayor a su cuidado y con aquellas informaciones que a usted le parezcan importantes. Así, cuando llegue el momento de separarse, lo hará sintiéndose seguro y confiado.

Planificar el futuro

Pensar acerca del futuro es algo que a menudo provoca ansiedad y angustia sobre la propia capacidad de continuar haciendo frente a la tarea de cuidador, por lo que es importante tener en cuenta que a medida que pase el tiempo, sus necesidades y capacidades cambiarán.

Puede que llegue un momento en el que usted no pueda seguir cuidando a su familiar en su casa y que la persona necesite tener una atención de largo plazo como la que ofrecen los establecimientos de larga estadía. No hay nada establecido sobre cuándo es que llega ese momento, pero es algo que puede llegar a pasar y cuando somos capaces de verlo como una posibilidad, evitamos vivirlo como un fracaso personal.

No postergar la propia salud

No olvidarse del cuidado de la propia salud es fundamental, no solo para poder continuar llevando a cabo la tarea de cuidado de forma eficaz, sino porque cada uno de nosotros es una persona valiosa y nadie merece resignar su propio estado de salud por negligencia personal o por sentir que no tiene tiempo de cuidarse adecuadamente. A pesar de que en muchas ocasiones pueda sentirse solo y agobiado, recuerde que lo que usted hace es muy importante y debe cuidarse.