Traumatismos craneoencefálicos:

Morbilidad y comportamiento antes y durante la etapa de pandemia por Covid 19

Parte 2

Aporte Internacional

Servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico Quirúrgico Docente Dr. Miguel Enríquez - La Habana, Cuba

Dr. Damian Lastra Copello. 1
Dra. Yohana Camejo Sánchez. 2
Dr. Arnaldo Sánchez Rodriguez. 3
Dr. Julio Alberto Conde Iglesias. 4
Dr. Juan Carlos Rojas Morales. 5
Dra. Marilis Selles Almarales.6
Dr. Juvenal Trasancos Pino.


Este tipo de traumatismo tiene un alto potencial de
morbimortalidad entre todos los traumatismos. Los
sistemas de atención al politraumatizado y los cuerpos de
guardia de pacientes mejoraron la atención prehospitalaria
de esta patología. Conocer las características clínicas,
fisiopatología, factores pronósticos, clasificación,
tratamiento y comportamiento desde el punto de vista
estadístico es prioritario para todo el personal médico y
paramédico.

En el artículo de la edición pasada abarcamos la definición, los conceptos y las causas del traumatismo craneoencefálico (TCE), que se define como un intercambio brusco de energía mecánica causado por una fuerza externa, que tiene como consecuencia una alteración a nivel anatómico y funcional (motora, sensorial o cognitiva) del encéfalo y sus envolturas meníngeas (duramadre, aracnoides y piamadre), la bóveda craneana que lo protege y los tejidos blandos epicraneales de forma precoz o tardía, permanente o transitoria.

El TCE representa un grave problema de salud y es la causa más común de muerte y discapacidad en pacientes jóvenes y niños.

Los síntomas de un traumatismo craneoencefálico ocurren inmediatamente después del evento traumático, pero otros pueden no aparecer durante varios días o semana. En el caso de una lesión leve es normal sentirse mareado, con náuseas o tener dolor de cabeza.

Otros síntomas leves incluyen:

  • zumbidos en los oídos,
  • dolor de cuello,
  • visión borrosa,
  • confusión,
  • reflejos lentos,
  • breve pérdida de la conciencia.

Además de estos síntomas, los TCE moderados o graves pueden incluir:

  • náuseas o vómitos duraderos,
  • dolor de cabeza duradero,
  • pupilas dilatadas (más grandes de lo normal),
  • dificultad para despertarse, caminar o hablar,
  • dificultad para hablar,
  • debilidad o entumecimiento en los brazos o las piernas,
  • drenaje de sangre o fluidos claros de las orejas o la nariz,
  • convulsiones.

     

Estos tipos de TCE son graves y pueden tener efectos duraderos. Su estado de ánimo puede cambiar, y puede sentirse enojado, ansioso o sensible. La memoria a corto plazo puede verse afectada, así como su capacidad para pensar y concentrarse. Puede tener problemas para controlar sus impulsos.

Investigación 

Problema de investigación

¿Cuáles fueron las características epidemiológicas, clínicas, tomográficas y neuroquirúrgicas del trauma craneoencefálico moderado y grave en la población objeto de estudio?

 Objetivo

  1. Determinar la morbilidad del trauma craneoencefálico moderado y grave.
  2. Caracterizar a la población objeto de estudio según variables epidemiológicas, clínicas y neuroquirúrgicas de interés.

Diseño metodológico

Características generales de la investigación

Se realizó un estudio observacional, descriptivo y transversal con el fin de caracterizar según variables clínicas, epidemiológicas y neuroquirúrgicas la morbilidad de los pacientes con diagnóstico de traumatismo craneoencefálico moderado y grave atendidos en el Servicio de Neurocirugía del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Dr. Miguel Enríquez. La observación estuvo comprendida durante el período enero del 2016 a febrero del 2021, considerando durante el último período anual del estudio la crisis sanitaria mundial ocasionada por la pandemia del virus Covid -19.

 Universo

El universo estuvo conformado por 12.878 pacientes que fueron atendidos en el cuerpo de guardia del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Dr. Miguel Enríquez de la ciudad de La Habana, Cuba, durante el período señalado.

Muestra

La muestra quedó constituida por los 529 pacientes con traumatismo craneoencefálico moderado y grave ingresados por el servicio de Neurocirugía independientemente del tratamiento médico y/o quirúrgico.

Se tuvieron en cuenta la edad, sexo, procedencia social y causa del TCE en los pacientes. No se tuvo en cuenta la práctica de deportes de contacto, ya que no se produjeron lesiones craneoencefálicas moderadas y/o graves por esta causa.

Variables clínicas

Se consideraron los síntomas y signos relacionados con el trauma, referidos y/o encontrados durante el examen neurológico al momento de su recepción en el cuerpo de guardia y transcurridas dos horas. [28]

La reactividad pupilar se registró de forma dicotómica en presente o ausente: [28; 29]

Clasificación según gravedad del trauma

Se utilizó la escala de Glasgow para el coma según la American Association of Neurological Surgeons. Se tuvo en cuenta solo los grados de moderado y severo ya que son el objetivo de la investigación:

  • Moderado: Glasgow entre 9-13 puntos, pérdida de conciencia > 1 min, con focalización neurológica.
  • Severo: Glasgow igual o menor de 8 puntos, sintomatología neurológica evidente. [31].

Escala de Glasgow para el coma:

  • Mejor Respuesta Ocular

4 puntos- Espontánea

3 puntos- Despierta al llamado

2 puntos- Despierta al estímulo doloroso

1 punto- No despierta

  • Mejor Respuesta Verbal

5 puntos- Orientado y conversa

4 puntos- Desorientado y conversa

3 puntos- Palabras inapropiadas

2 puntos- Sonidos incomprensibles

1 punto- No Responde

  • Mejor Respuesta Motora

6 puntos- Obedece órdenes

5 puntos- Localiza el dolor

4 puntos- Retirada en flexión

3 puntos- Flexión anormal (rigidez tipo decorticación)

2 puntos- Extensión (rigidez tipo descerebración)

1 punto- No responde

Total- 15 puntos sumando los puntos dados en los tres acápites a evaluar.

 Hallazgos tomográficos

Se consideró los diagnósticos según Tomografía Computarizada Monocorte de cráneo en la vista axial.

  • Hematoma epidural: imagen habitualmente hiperdensa en espacio epidural, de forma biconvexa, elíptica, lisa, adyacente a la calota, sin cruzar suturas, no muestra sedimentación.
  • Hematoma subdural: imagen semilunar, cóncava hacia el hemisferio cerebral, localizada en el espacio subdural. Densidad variable con relación a las fases de degradación de la hemoglobina: hiperdenso en las primeras 24 horas posteriores al trauma, isodenso e hipodenso, o incluso con densidades mixtas cuando evoluciona hacia la cronicidad.
  • Hemorragia subaracnoidea: imagen hiperdensa que se puede observar en el espacio subaracnoideo, puede observarse borramiento de las circunvoluciones y edema perilesional en tejido cerebral adyacente.
  • Edema cerebral: imagen de áreas con hipodensidad, efecto de masa, ventrículos laterales comprimidos en forma de hendidura, compresión de los surcos cerebrales y cisternas perimesencefálicas.
  • Hemorragia intraventricular: imagen hiperdensa que se corresponde con contenido hemático en el interior de la cavidad ventricular, con la consecuente dilatación de los ventrículos.
  • Contusión cerebral: imagen hiperdensa localizada generalmente en la superficie cortical y a nivel de la sustancia blanca superficial, de escasa cuantía, que puede acompañarse de edema perilesional.
  • Fractura de bóveda: solución de continuidad del tejido óseo visible en uno o varios cortes tomográficos en dependencia de su extensión, un signo inequívoco es la presencia de neumoencéfalo en forma de pequeñas burbujas hipodensas que corroboran la presencia de la fractura, en el topograma se observan líneas radiotransparentes, rectas o en zigzag.
  • Hematoma intraparenquimatoso: lesión de densidades altas, correspondiente a contenido hemático dentro del parénquima cerebral. Se destaca rodeando esta lesión el edema perilesional. [32-36]

Se tuvo en cuenta la técnica quirúrgica utilizadas y las complicaciones ocurridas durante la operación (hemorragia subaracnoidea; hemorragia transoperatoria; edema cerebral). [34 -37] Se consideraron las complicaciones intracraneales en el postoperatorio antes del alta hospitalaria y los primeros tres meses posteriores a la cirugía según el diagnóstico clínico e imagenológico por Tomografía Axial Computarizada Craneal Monocorte y a los pacientes egresados vivos o fallecidos.

 

Análisis y discusión de los resultados

Los traumatismos craneoencefálicos han sido objeto de numerosas investigaciones, los estudios básicos proponen como factores de predicción la edad y el sexo dentro de los más importantes, considerándose un grupo de alto riesgo el sexo masculino, como quedó demostrado en el estudio CRASH, [39] mientras que los pacientes del sexo femenino sufren accidentes relacionados con el hogar, y dentro de estos las caídas principalmente, por citar un ejemplo. Cada año se hace más común el trauma de cráneo como una entidad en la población más joven, aunque se han registrado incrementos en pacientes con más de 65 años. [14]

La tabla 1 refleja la morbilidad del trauma craneoencefálico moderado y grave en el Servicio de Neurocirugía del Hospital Docente Clínico Quirúrgico Dr. Miguel Enríquez de La Habana, Cuba en los últimos cinco años, representando el 4,1%.

                                            

Fuente: Historias clínicas.

Hernández y Pérez [36] plantean que los traumatismos craneoencefálicos constituyen una entidad frecuente en el mundo industrializado, dentro de ellos los TCE de moderado a severo en la Clínica Simón Bolívar de Venezuela presentaban una prevalencia de 5,2%, en concordancia con este estúdio.

En Finlandia, Hukkelhaven et. al., [37] en un estudio con 5.600 pacientes, determinaron que la morbilidad del traumatismo craneoencefálico fue de 36,5% y el trauma severo y moderado presentó cifras de 4,8%. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta una morbilidad del trauma craneoencefálico moderado y grave de 6,9% en la población mundial, porcentajes muy similares a nuestra investigación. [39]

En la tabla 2 y gráfico 1 se expone la relación entre sexo y edad de los pacientes objeto de la presente investigación. Se evidencia que existió un predominio del sexo masculino representado por 448 pacientes, lo cual consideramos se debe a la mayor participación de los hombres en actividades de alto riesgo. Existió además una mayor incidencia en pacientes jóvenes para ambos sexos, con 278 pacientes (52,6%) entre 19 y 34 años, seguido de 136 (25,7%) entre 35 a 44 años. En los adultos mayores de 65 años también se encontró una incidencia significativa con 36 pacientes.

                                                           

                                                       

Morales Larramendi en un estudio realizado reportó que la gran mayoría de los casos fueron del sexo masculino (83,1%) y el 56,4% de los pacientes se encontraba por debajo de 45 años, siendo una población económicamente activa [6].

Refieren Hernández y Pérez [36] que los traumatismos craneoencefálicos son más frecuentes en el sexo el masculino con 68.42% y 31.57% para el sexo femenino, al igual que en otros estudios, como los realizados por Hukkelhaven y col. [37] en el 2003 y Lanno et al. [38] en el 2015, coinciden con nuestra investigación al encontrar que el 58,6% de los pacientes que sufren trauma craneal grave se encuentran por encima de los 30 años, con prevalencia del sexo masculino.

Coincidimos además con los resultados obtenidos por López de Barrios et al.,[39] quienes comprobaron una mayor incidencia del sexo masculino y en el grupo menor de 35 años. Sin embargo, no se halló coincidencia con los resultados reportados por Ahman S, Saveman BI, [41] quienes no registran diferencias respecto a género en la presentación de los traumatismos craneoencefálicos.

Consideramos que la alta incidencia del trauma craneoencefálico moderado y grave en pacientes jóvenes del sexo masculino en el presente estudio, se debe a que la mayoría de las actividades de trabajo cotidianas que desarrolla este grupo poblacional representa un alto riesgo de sufrir accidentes, destacándose la conducción de vehículos como una de las principales causas dentro de la población más joven.

Los accidentes de tránsito han constituido por décadas una de las principales causas de producción del traumatismo craneoencefálico a escala mundial. En nuestro país constituye en los últimos años la primera causa de traumatismo craneoencefálico. [28] Igualmente en nuestra provincia, con el proceso de industrialización y desarrollo de la ciudad, aparejado al incremento de vehículos automotor, principalmente las motos eléctricas, son cada vez más frecuentes este tipo de lesiones tan lamentables, con una importante repercusión social y económica.

En la tabla 3 y gráfico 2 se expone la incidencia del trauma craneoencefálico moderado y grave según la causa y la procedencia del paciente. Se observó un predominio de los accidentes de tránsito como causa del trauma para pacientes de ambas procedencias, representado por un total de 250 pacientes (47,3%). Las zonas urbanas presentaron el mayor número de afectados con 310 pacientes. Las caídas también mostraron un elevado número de lesionados, 147 pacientes (27,8%) de los cuales 66 fueron de zona rural.

                                                      

 

Gráfico 2. Pacientes con traumatismo craneoencefálico moderado y grave según la causa del trauma.


                                           

 

Se observó un predominio de los accidentes de tránsito como causa del trauma para pacientes de ambas procedencias, representado por un total de 250 pacientes (47,3%). Las zonas urbanas presentaron el mayor número de afectados con 310 pacientes. Las caídas también mostraron un elevado número de lesionados, 147 pacientes (27,8%) de los cuales 66 fueron de zona rural, esto pudiera estar en relación con las características geográficas y del terreno de la región, ya que mientras más irregular (montañoso, rocoso, presencia de riscos y fallas) mayor riesgo de ocurrencia de caídas de mayor gravedad.

 

Le siguen las agresiones físicas que representaron el 13,6%, con mayor incidencia en la zona urbana, ya que los actos delictivos, tales como robo con violencia, reyertas tumultuarias en espacios públicos y de recreación tienen lugar en su inmensa mayoría en la región urbana.

 

Ha quedado demostrado en diversos estudios realizados con anterioridad que los accidentes de tránsito siguen siendo la causa fundamental de los traumatismos craneoencefálicos graves. Así lo demuestra el presentado por Maas AI, et al. [4] en el cual los accidentes de tránsito fueron el mecanismo causante con mayor frecuencia, seguido de las caídas y las agresiones físicas.

 

En el caso de Estados Unidos, la principal causa de trauma craneal para los adultos mayores son las caídas, y para los jóvenes, los accidentes de tránsito, planteamiento que coincide con nuestros hallazgos. [28] De igual forma Thompson HJ. [43] plantearon que los accidentes de tránsito son la causa con mayor incidencia representada por 81,5% de los pacientes con trauma craneal.

 

En el año 2018, Hyder AA [42] realizó un estudio sobre TCE en la ciudad de San Francisco, mostrando que el 44,3% fueron por caídas, y ocupando el segundo lugar los accidentes de tránsito en 26,7%. Respecto a la procedencia, son pocos los estudios que hacen referencia a esta variable. Dearden M [45] expone un predominio de pacientes residentes en zona industrializada.

 

En la tabla 4 se exponen los pacientes con traumatismo craneoencefálico moderado y grave según manifestaciones clínicas en el momento de su recepción en el cuerpo de guardia y pasadas dos horas. Podemos observar un predominio significativo de la cefalea con 275 pacientes (70,9 %) y los vómitos 296 (56,6%). Los signos de piramidalismo y las convulsiones mostraron una menor incidencia con 105 y 63 pacientes respectivamente. Si analizamos ambas variables en conjunto, llama la atención que los síntomas mayores de hipertensión endocraneana (cefalea y vómitos) estuvieron presentes en la mayoría de los casos desde su llegada al cuerpo de guardia, sin embargo, las convulsiones y los signos de piramidalismo se manifestaron con mayor afectación en la segunda hora. 

 

Consideramos que esta relación pudiera ocurrir porque las primeras medidas terapéuticas van encaminadas a disminuir la presión intracraneal, en cambio el uso de anticomiciales de forma profiláctica no se recomienda hasta que ocurre el primer episodio convulsivo.

                                                 

 

Fuente: Historia clínica.     
                                                                                                                            

Un total de 93 pacientes presentaron alteraciones pupilares, se constató al examen físico que la hiporreactividad pupilar predominó con 79 pacientes (15%), las alteraciones pupilares se encontraron en mayor número enfermos durante la valoración inicial.

El cuadro clínico ofrece un estimado de la función del SNC en el momento del examen físico, pero esta situacion esta sometida a cambios en el tiempo debido a la aparición de complicaciones intracraneales o extracraneales. Por tanto, su valor es relativo y se precisa una valoración evolutiva de los casos para llegar a conclusiones definitivas y evitar complicaciones.[16]

En una serie estudiada por Mohindra S et al. presentan una serie de casos diagnosticados con hematoma epidural, en los que se obtuvo que, el total de los casos presentaron como síntoma fundamental los vómitos, seguido de pérdida de la conciencia, convulsiones y en menor proporción las alteraciones pupilares.

Estos resultados concuerdan con los reportados en la Guía para el manejo inicial de traumatismo craneoencefálico, en la cual 354 pacientes (87,6%) presentaron cefalea y vómitos, 24 (5,9%) convulsiones y 2% alteraciones pupilares, aunque no se registra qué tipo de trastorno pupilar fue más frecuente. [47]

Es fundamental catalogar la gravedad del trauma craneoencefálico, ya que además de tener implicaciones pronósticas, en función del grado de severidad se pondrán en marcha las acciones terapéuticas. Puede valorarse mediante diversas escalas, de las cuales la de mayor aceptación es la Escala de Glasgow para el Coma (GCS) [31], que evalúa la mejor respuesta ocular, verbal y motora.

El componente de mayor valor pronóstico es la función motora, ya que integra funciones sensoriales y nivel de vigilia. La importancia de esta clasificación radica en que permite monitorizar la evolución del paciente con traumatismo y orientar el enfoque inicial, a la vez que relaciona las puntuaciones más altas con un mejor pronóstico. [31]

En la tabla 5 se analizan los pacientes según la clasificación del trauma y el sexo, resultando que el trauma moderado tuvo una mayor incidencia que el severo para ambos sexos. El 86,7% de las mujeres y el 80% de los hombres sufrieron trauma grave para un total de 427 pacientes. Solo 102 pacientes se afectaron con trauma grave con una proporción de 3:1 entre hombres y mujeres.

                                                 

 

Al analizar la tabla 6 referente a los hallazgos tomográficos, se observó un predominio del hematoma epidural con 102 pacientes (19,35%), seguido por la contusión cerebral y las fracturas de la bóveda craneana con 93% y 85% pacientes respectivamente. La fractura de la bóveda es una lesión estrechamente relacionada con el hematoma epidural, como lo describe la literatura.

La hemorragia intraventricular y la hemorragia subaracnoidea resultan ser las lesiones con mayor mortalidad representando el 42,8% y el 33,3% de los fallecidos. Varios estudios reportan una mortalidad similar a la nuestra. Lanno declara que un considerable porcentaje de los pacientes que sufren hemorragias interventriculares postraumáticas fallecen a pesar de tomarse todas las medidas neurointensivas, igualmente las hemorragias subaracnoideas asociadas a otras lesiones como la contusión y el edema cerebral elevan su mortalidad. [38]

Los estudios neuroimagenológicos que se realizan de urgencia para el TCE tienen el objetivo fundamental de detectar lesiones potencialmente tratables quirúrgicamente. Actualmente, el estudio de elección continúa siendo la TAC por variadas razones: es rápida, ampliamente disponible, permite acomodar fácilmente los equipos de monitorización y es altamente rentable en el diagnóstico de hemorragias agudas intracraneales, así como el diagnóstico de fracturas de cráneo, huesos de la cara y orbita. [48] 

En concordancia, un estudio realizado por Lanno et.al informa como lesión más frecuente la hemorragia epidural 10.9% y el 4.3% con hemorragia subdural. [38] Sin embargo Varela y col. reporta como lesiones por traumatismo craneoencefálico más frecuentes en pacientes adultos a las fracturas de la bóveda craneana (53.2 %), a diferencia del nuestro. [42]

El acto quirúrgico oportuno y de manera inmediata posterior al diagnóstico neuroimagenológico disminuye considerablemente la aparición de lesiones secundarias y complicaciones. La craniectomía y evacuación constituye una de las más frecuentes técnicas neuroquirúrgicas empleadas en el tratamiento de las lesiones intracraneales postraumáticas evacuables.

Al analizar el tipo de técnica quirúrgica, el proceder más empleado fue la craniectomía y evacuación del hematoma, el cual se utilizó en 173 pacientes (32.7%). La mayor realización de esta técnica consideramos se debe a que el mayor diagnóstico correspondió con el hematoma epidural, y esta técnica es la que se describe en la literatura como la recomendada para este tipo de lesión, sobre todo si hay presencia de fractura de bóveda craneana asociada, aunque existen casos en menor porcentaje que no presentan fractura asociada, a pesar de haberse constatado por TAC de cráneo simple contenido hemático en espacio epidural luego de las primeras 24 horas de haberse producido el trauma craneal.

La mayor agresividad en el tratamiento, la rapidez en iniciarlo con el objetivo de lograr la estabilidad hemodinámica en las lesiones severas, la ejecución de acciones puntuales según la situación que se presenta, como la extracción de fragmentos óseos, evacuación de colecciones subdurales o epidurales, control de sangramientos, monitorización de los pacientes graves y el uso oportuno de antibióticos, son factores que han contribuido a disminuir la morbimortalidad por esta causa. [45 -50]

La craniectomía es el proceder quirúrgico mediante el cual se realiza una resección de tejido óseo correspondiente a la bóveda craneana, de dimensiones variables, con el objetivo de acceder a las estructuras intracraneales. Es una de las técnicas que con más frecuencia se ejecutan sobre el cerebro para abordarlo. Su diámetro mínimo es de tres por tres centímetros. Consiste en realizar inicialmente una trepanación mínima de cráneo, proximal al foco de fractura, sobre tejido óseo no comprometido en los casos de TCE con fractura lineal y hematoma epidural asociado a fracturas deprimidas en caso de ser necesario, por la imposibilidad de resecar el hueso fracturado desde un primer momento a causa de las características de la fractura.

Luego de realizada la trepanación mínima de cráneo, se inicia la resección ósea con pinza tipo gubia o Kerrison, se expone la colección hemática epidural, la cual se evacúa, se examina la duramadre, la cual se repara en caso de haberse dañado, se realizan puntos de tracción dural, y posteriormente se procede al cierre por planos, la decisión de dejar un drenaje epidural queda reservada para cada caso de forma específica e individualizada y por decisión del cirujano que realiza el proceder.[34 -50]

Coincidimos con el estudio realizado por Dearden y col. en el que la craniectomía resultó el proceder más utilizado en pacientes adultos con TCE grave en 41,1 % de los casos que recibieron tratamiento quirúrgico. [45]  

Todo proceder quirúrgico está sujeto a una alta probabilidad de que aparezcan complicaciones durante su realización, el conocimiento de las más comunes y las medidas a emplear para disminuir el daño influyen notablemente en el éxito del acto quirúrgico.

Coincidiendo con la presente serie, Mendelow AD, Gregson BA declaran que la complicación más frecuente durante el acto quirúrgico fue el edema cerebral, causado por un mecanismo de descompresión brusca, seguido de la hemorragia transoperatória y la hemorragia subacnoidea. [8]

Morales Larramendi et al. [6] también encuentran el edema cerebral (difusa III) como complicación transoperatoria más relevante y plantean que en estos pacientes es considerado como el factor fisiopatológico más importante en la evolución desfavorable, ya que se asocia a secuelas neurológicas.

En 2015, Matthias Hofer. dieron a conocer que en los TCE moderados y severos, las complicaciones transoperatorias más frecuentes fueron la hemorragia subaracnoidea y el edema cerebral con 35% en ambos casos. [48]

En cambio, la hemorragia transoperatoria en esta serie no fue frecuente por que durante el acto quirúrgico se llevaron a cabo las medidas hemostáticas correspondientes para evitarla, así también lo declaran Hernández y Pérez. [38]

Las complicaciones postoperatorias en el paciente neuroquirúrgico se presentan con alta frecuencia, esperar su posible aparición en el tiempo dependiendo de la lesión y la técnica quirúrgica empleada, y conocer la forma de tratarlas, es un factor determinante para lograr una evolución positiva de los pacientes.

En la tabla 8 encontramos que dentro de las complicaciones postoperatorias que con más frecuencia se pueden encontrar en pacientes con traumatismo craneoencefálico el edema cerebral es la más habitual con un total de pacientes de 247 (46,7%), observándose similitud entre la complicación transoperatoria y postoperatorias más frecuentes. Se observa también la incidencia del neumoencéfalo a tensión como segunda complicación más frecuente con un total de pacientes de 151 (28.5%).

Las complicaciones posoperatorias son consecuencia de las alteraciones que se producen después del episodio inicial y que pueden ser debidas a hipoxia, isquemia o a una presión intracraneal elevada. [8]

En México, Carrillo Esper realiza estudio de neuromonitoreo en medicina Intensiva y Anestesiología; declara que el edema cerebral es la lesión difusa más frecuente posquirúrgica y es la principal causa de muerte en estos pacientes. [20]

Matzke y col. encuentra que el 100% de los pacientes que presentan fracturas de la bóveda y base del cráneo, así como los que han sido intervenidos quirúrgicamente, presentaron neumoencéfalo como complicación posoperatoria, a causa de la entrada de gas al espacio intracraneal de forma unidireccional por la apertura de la bóveda o la solución de continuidad del tejido óseo de forma traumática a nivel de los huesos de la base del cráneo. [49]

En cambio, Pons, explica el neumoencefalo a tensión por la utilización de gases anestésicos sobre todo cuando no se toman las medidas durante el acto operatorio de finalizar la administración de óxido nitroso 10 minutos antes de cerrar la duramadre. [23]

Legarreta Peña et al. coinciden con estos resultados al encontrar que el 46% de sus casos presentaron edema cerebral, seguidos de absceso cerebral y neumoencéfalo con 34% y 38% respectivamente. [50]

Conclusiones

·         La morbilidad del traumatismo craneoencefálico moderado y severo fue 4,1%.

·         Los traumatismos craneoencefálicos moderados y graves predominaron en adultos jóvenes procedentes de áreas urbanas.

·         La causa más frecuente fueron los accidentes de tránsito.

·         La Tomografía Axial Computarizada permitió localizar el sitio de la lesión intracraneal predominando el hematoma epidural.

·         La craniectomía y evacuación se erigió como el proceder quirúrgico más utilizado. El edema cerebral fue la complicación predominante con una baja mortalidad.

 

 

 

 

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