El hogar o nuestra casa es el lugar que consideramos “nuestro espacio”, que muchos consideran su lugar de confort, donde descansan de la calle, del ómnibus y del trabajo.
Los hogares presentan, por su funcionamiento, peligros y riesgos que pueden ser graves, por descuidos, por falta de chequeo o por un accidente (hecho desafortunado y no deseado). Hoy nos enfocamos en la forma de controlarlos con técnicas llamadas de seguridad.
La seguridad industrial, para distinguirla de aquella que representan las empresas de vigilancia, es el “conjunto de técnicas de prevención y protección, acciones y métodos dirigidos a la detección y corrección de accidentes de trabajo y el control de sus posibles consecuencias”.1
Este artículo se enfoca en dos aspectos, la prevención de accidentes de trabajo para los trabajadores domésticos y los que nos pueden suceder a nosotros, los habitantes de todos los hogares del país.
Aplicando una de las técnicas mencionadas, de índole específica, veremos algunos de los riesgos que pueden dañar nuestra salud y la estructura edilicia. Limitándonos en esta ocasión a las instalaciones eléctricas, presencia de químicos y a la presencia de gas, envasado o por cañería.
¿Cuál es el origen de estos riesgos? Nada extraño, satisfacer nuestras necesidades básicas como luz, alimentación, calefacción y prevención de enfermedades mediante la limpieza y control de plagas como los mosquitos del dengue, por ejemplo. Simplemente nuestra convivencia con el hogar.
Comenzaremos por la instalación eléctrica, lo más común: los tomacorrientes o “enchufes” que están en la pared. Estos deben ser adecuados para su uso. Si, por ejemplo, el televisor tiene tres patitas, el enchufe debe ser de tres entradas. Principalmente los de mayor consumo no deben usar adaptadores, ya que su uso implica un riesgo de sobrecalentamiento. La llave principal de la instalación debe ser una “diferencial”. Cambie los enchufes por la entrada que tienen sus electrodomésticos y no use alargues ni adaptadores, si hay niños en casa coloque enchufes “antiniños”.
Con llamar a un electricista habilitado por UTE nos aseguramos de que su instalación cumpla con las normas de seguridad.
Segundo riesgo, el uso de químicos domésticos. Estos deben tener un lugar de guardado que no se comparta con alimentos ni ropa. Lea la etiqueta antes de usarlo, no compre en cantidades para guardar, use guantes si es necesario su contacto y úselos para lo que fueron diseñados.
Un dato importante es que pueden ser sustituidos por otros productos menos dañinos, por ejemplo, el hipoclorito no es el único desinfectante y presenta riesgos de corrosión e irritación a las vías respiratorias. Sustituir productos por otros con menor toxicidad y seguir las instrucciones de uso. Que el lugar donde se guardan sea ventilado, de ser posible y sea destinado solamente para ellos. Lea la etiqueta antes de usarlos y siga sus instrucciones.
Por último, no menos importante, el uso de gas para calefaccionar y cocinar. Los envases que nos venden están chequeados y de acuerdo con las normas, pero nuestra instalación es la que merece ser observada.
Un consejo: si siente olor a gas, hay fuga, y si no hay olor a gas, es decir la estufa funciona correctamente y no pierde gas, no use estos artefactos sin una entrada de aire del exterior porque por pequeña que sea aporta aire que la estufa gasta. Lo importante es que estén en condiciones normales de funcionamiento, que las llaves y válvulas cierren por completo el pase del gas. Llame a un técnico para revisarla.
No son los únicos aspectos que debemos tener en cuenta, pero con gusto podrán consultarme o buscar publicaciones y videos para ahondar en estos aspectos.
Existen muchos técnicos que pueden ayudarnos, que sean habilitados y capacitados en su labor es la clave. Nuestro cuidado y atención por el hogar es lo principal para evitar accidentes.